El tesoro de la Fraternidad, por Emmanuel.

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En la noche del año nuevo de 1950, varios hermanos de Belo Horizonte, reunidos en Pedro Leopoldo, en compañía de Chico Xavier, comentaban sobre la importancia de las riquezas para la extensión del bien: Aquí, se deseaba el salario abundante… Allá se hablaba del dinero de la lotería… Llegada la hora de la oración, Emmanuel, por el lápiz del médium, dirigió a los presentes el siguiente Mensaje:
 
El Tesoro de la Fraternidad
No desprecies las pequeñitas parcelas de cariño para que alcances el tesoro de la fraternidad.
Una palabra confortadora.
El gesto de compresión y ternura.
La frase de incentivo.
El regalo de un libro.
El recuerdo de una flor.
Cinco minutos de conversación edificante.
La sonrisa del estimulo.
La gota de medicamento.
La información prestada alegremente.
El pan repartido.
La visita espontanea.
Una carta de entendimiento y amistad.
El abrazo de hermano.
El simple trabajo en viaje.
Una ligera señal de cooperación.
No es con el oro fácil que descubrirás los manantiales ignorados y profundos del alma. No es con la autoridad del mundo que conquistarás la renovación real de un amigo. No es con la inteligencia poderosa que recogerás las flores ocultas de la confianza.
Pero siempre que tu corazón se incline para un mendigo o para un príncipe, envolviendo en la luz sublime de la buena voluntad, ayudando y sirviendo en nombre del bien, olvidando a ti mismo para que otros se eleven y se alegren, guarda la certeza de que tocaste el corazón del prójimo con las santas irradiaciones de tus perlas de bondad, y caminaras en el mundo, bajo la invencible coraza de la simpatía, para encontrar el divino tesoro de la fraternidad en pleno cielo.
Emmanuel
Quien pueda juntar este tesoro, de cierto, comprara con facilidad un pasaporte para el Cielo.
“Lindos casos” de Chico Xavier
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